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Había una meretriz que vestía seda azul, joven y dulce, ella era.
Olía a vainilla y comía fresas.
Se tocaba entre las piernas mientras a Rimbaud leía.
Le gustaban las flores, en especial las muertas.
Jugaba con lobos, y dormía con ellos.
Miraba nubes, de colores sus favoritas... siempre las miraba.
Pobre meretriz, nunca amó.
Pobre hembra joven, el placer la mató.

















3

Taxidermia, György Pálfi 

1 oración a mi dios.

Señor de mis señores
Dios de dioses -y putas-
Me vienes a la mente
como lluvia caliente
de izquierda a derecha
te leo, señor.
Oro por tí y por mí.
Papá-quiaro. La S sobra.
Verga dorada.
Y en tu erróneo ver
me quise sentar
esquinadamente 
a leer, a oler
un aullido de cisne



DE MI PARA PAPASQUIARO.

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0 Depresión: modus vivendi.

Depresión: modus vivendi.

O vacaciones infernales.

Al principio pensé que era mi periodo, esos signos pre y post menstruales empezaron aparecer a mis 18. Era mes con mes, sentirse así, llorona, triste, desganada, horriblemente patética y sin humor. Que por lo regular nunca sucedían (culpo a las pastillas).

Después empezó éste cuatrimestre, que parecía ser mucho mejor que el pasado (con esos compañeros irritando todo el tiempo con su estúpida forma “clasista” de hacer las cosas). Estos serían nuevos, frescos de mí.

Tiendo a hartar a las personas con mis actitudes hostiles, arrogantes y egoístas. Pero todo empezó bien, tan bien que no hice enemigos ni en el primer mes, jaja extraño en mí. Todo marchaba bien. Me sentía igual que siempre.

Vinieron cosas muy buenas en estos cuatro meses, amigos nuevos, un diplomado en cine, libros libros y libros muy hermosos, reencuentros muy padres, en fin. Cosas que me hacían sentir bien.

Pero cuando menos lo esperaba, tenía mi periodo, otra vez la rutina deprimente pre y post menstrual, y no es que me harte ser mujer, todo lo contrario. Pero los días depresivos aumentaban, es decir, si el mes anterior eran 2 días deprimida, este que tocaba eran 4.Y así. Por lo regular tiendo a ignorar esos síntomas. Tiendo a ignorar todo.

Pero entonces me di cuenta que bajé de peso, y me extrañó mucho porque seguía comiendo las mismas porquerías de siempre (grasas excesivas, azúcar por kilos, y sin hacer un esfuerzo mínimo de ejercicio), mi ropa se veía más holgada de lo normal. Al principio me sentí muy feliz, pues ya no me veía gorda como me lo decían mis papás jaja que aunque siempre me ha valido lo que me digan, si lo pienso en momentos. En la escuela todos me decían que porque tenía ojeras, que si había dormido bien o si iba cruda ja, a lo que yo contestaba “no me pinté”. Me maquillaba, y paraban los comentarios.

Pero las semanas transcurren muy rápido cuando eres universitario. Era un día tras otro sin hacer nada, pegada a la maldita computadora asaltante de energía jajaja. Al día siguiente los comentarios eran los mismos, los pantalones se me bajaban. Involuntariamente volteaba a los espejos a verme el trasero, y si, también ese bajaba.

Empezaron las vacaciones y me alegre mucho, soy una persona demasiado perezosa, desde que tengo memoria, entonces cuando las vacaciones llegan me siento tranquila, muy confortada.

A mi pareja la dejé de ver por largos periodos, lo cual igualmente me hace pensar que eso me hizo bajar de peso también. ¡Vaya! el me compraba comida de a montón, era de las cosas que disfrutábamos hacer juntos, comer. Pero de un tiempo para acá dejó de ser así.

Con su nuevo trabajo, y la falta del mío, las cosas cambiaron. Desde siempre cambiaban, pero alejarnos hizo que todo disminuyera; llamadas, visitas; todo.

Ya poco falta para hacer el mes de vacaciones. A muchos los sube de peso estar de vacaciones, comes a la hora que quieres y lo que quieres, pero a mi todo lo contrario.

He bajado tres tallas por lo menos, como cuando en verdad tengo hambre, sólo quiero dormir y estar acostada. Ver películas me ayuda un poco, poco realmente. Escucho grupos musicales que me derpimen aún más. Siempre me ha gustado escuchar música pues, que me hace sentir bien, que me gusta cantar y bailar. Pero ahora sólo quiero escuchar voces lentas y melancólicas, letras deprimentes, sólo eso quiero oir. Es lo que me hace sentir bien.

Soy una persona que le gusta pelear, discutir. Soy demasiado explosiva. Estas últimas veces en las que he querido hacerlo, pierdo el interés en ello. No sé. No encuentro motivo por cual hacerlo ni nada que me impulse. Se han apagado mis ganas, que mucho me servían.

Disfruto las caricaturas, soy amante de los dibujos 2D, siempre he amado los colores vivos que hay en ellos, y apenas quise ver unas de mis favoritas, olvidar ésta pinche apatía y disfrutar de unas buenas caricaturas noventeras. Para mi sorpresa al verlos en la tele, me deslumbraron los colores, y comenzó a dolerme la cabeza. Apagué la tele. No me extrañó, pude haberme mareado, que muy frecuentemente me ha pasado, marearme con colores o movimientos estúpidamente lentos.

Hace poco me compraron un vestido y unos zapatos, por lo que regularmente me hace feliz tener zapatos nuevos (rojos y huelen bonito), soy una inmadura que siempre ha disfrutado de las cosas materiales. Un vestido negro, precioso realmente precioso (muy gótico según mi mamá). Ambos siguen en sus bolsas, no me los probé llegando a casa como siempre acostumbro. Estan ahí en sus bolsas, para usarlos algún día.

Me duele la espalda, demonios siempre me ha dolido, los hombros, el cuello y los brazos. Que todo esto me sirvió para hacer mi guión sobre la evolución jaja.

Pues si, estas vacaciones me están matando a putazos melancólicos, duros y en la frente. Es mi modus vivendi, anteriormente lo había sentido, y no me disgusta, ni me hace feliz.

Resisto las mañanas, aguanto las tardes. Pero las noches se hacen eternas, pesadas, y calientes. Por la mañana es lo mismo, lo mismo, lo mismo, lo mismo.

Y empiezo a escribir.

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